La vida es una comedia para aquellos que piensan y una tragedia para aquellos que sienten. Horace Walpole
Existen personalidades que son explosivas, impredecibles, que actúan netamente por corazonadas, presentimientos, son mandados y descomprometidos. Y otras, más pensantes, racionales, calculadores pero no en el sentido de especulador, sino calculadores de imaginarse y pensar estrategias de acción, idealizar a la otra persona, de deambular por sueños vanos de cómo sería la situación ideal, y que hacer subsecuentemente en cada momento. El problema es que a veces, este último pensamiento enferma, contenta en sueños, y deja un vacío el resto del día. Y otros, los descomprometidos, impulsivos, etc, viven el día a día, sin tener sueños sinceros. ¿Qué es lo mejor?.
El alma del hombre es triste cuando hace de su soledad, un alma accesible solo en sueños que pasan como estrellas fugaces. Hay personas de alegre soledad, que les encanta salir, divertirse, bailar, tomar, conocer gente del sexo opuesto, y demuestran corporalmente una ansiedad de acercamiento hacia otra persona algo evidente. Pero en realidad, no comprenden su valor, e intentan mostrar una extroversión seductora de alguien, que por lo general, no son y luego les cuesta mantener.
Aquí aparecen las dudas, por un lado, de cómo ser alguien que no se es, tratando de sacarse del todo una mascara y ser auténticamente quién uno es el día a día, y la otra persona (la que se intenta seducir), ante estas dudas, flaquea, acusa a la otra persona de insegura o histérico al no saber lo que realmente esta pasando. Y la verdad es, que pocos se animan a lucirse por su luz propia, e intentan “vender” un estereotipo más generalmente aceptado, y estas discrepancias entre quien se es y quien se quiere ser, lleva a que algunas personas necesiten más tiempos que otros por la confrontación interna. Y aquí comienza el primer error, ya que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Cuántas historias escuchamos de amigos, o nos armamos nosotros mismos en nuestra mente por una mera sonrisa, por una mirada penetrante, o por un amor prohibido. Todos lo hemos hecho alguna vez. La diferencia radica en cómo actuamos. Todos tenemos nuestro “mundo”, nuestras experiencias (buenas y malas) y formas. Muchas personas, tratan de seguir una estrategia exitosa de alguna vez, y repetirla, con suerte dispar, pero lo intenta. Otros, necesitan seducir para ganar seguridad, y dejan todo ahí, jugando con los sentimientos de otros, mientras que algunos pocos, deciden quedarse solos, porque creen que las cosas van a pasar cuando tengan que pasar, aunque habría que decirles que, para que las cosas pasen, hay que mover la primer pieza, y que se genere un efecto dominó o en cadena (corta o larga) de sucesos.
Dentro de los sentimentalmente pensantes, existe también una filosofía idealista, un conjunto de porfiados con universos propios, que viven del prejuicio, y la idealización del otro para soñarlos, sin darse la posibilidad concreta y cierta de conocer a alguien que no haya existido ya en un sueño. Si se animan a concretar sus sueños, se encuentran en que es difícil que coincida la idealización de una persona por su mera imagen preconcebida, con lo que existe en el fondo del alma y del ser. Se les da forma y figuras propias a personas que atraen de aspecto, y en base a eso se construye para ellos innumerables ensueños de felicidad (príncipes azules y barbies) y perecedera alegría, aunque, a sabiendas inconcientemente que solo serán felices por ese instante de idealización, muchas veces mientras ese idilio perdure, se busca la manera de alargar esos pensamientos, y se conforman con menos de lo soñado. También suele pasar, que cuando ocurre esa idealización tomó tanto tiempo en la mente, que al creer en ese amor, la otra persona ya empezó un camino por otro lado.
Por eso, a veces me propongo un ejercicio que si todos lo hacemos tendríamos el mismo resultado, cerrar los ojos y pensar, cuantas veces nos imaginamos hacer sonreír, abrazar y besar a alguien, y cuantas veces lo hicimos realmente. Y nos daremos cuenta que esa soñada sonrisa, ese fatigado beso o ese anhelado amor que reaviva el alma escondida, se encuentra en constante escape porque queda solo en sueños. Tal vez sea porque la sola imagen de tan idílica situación provoca miedo, inseguridad, uno sabe que convive con las ganas de amar, y el miedo al dolor. La cuestión es, quien prevalece. Si es el primero, la inseguridad no existe, o al menos, se esconde mejor. Si el miedo es quien domina, se abren un abanico de variantes tan disímiles como personas que lo han sufrido existen.
A veces existe también, un miedo a empezar un vínculo, porque trae aparejadas cosas desconocidas que parece conllevar un riesgo especial a terminar mal. En realidad, se debería pensar en lo bien y lo bueno que puede resultar esa relación. El amor, la comunicación, la afinidad, los sentimientos, son cosas que van surgiendo desde el momento en que uno esta predispuesto a ellos. Si uno lleva el miedo, la dubitación, el ser racional incorporado y la idealización, es difícil concebir la felicidad del alma.
Quienes no tienen una relación estable o satisfactoria (infieles de ambos sexos a los que le dedicaré próximamente una nota aparte) por lo general piensan en lograr una pareja con determinadas características y preconceptos, y descartan posibilidades que perciben como muy opuestas a lo que creen que desean. Buscan un/a compañero/a de vida dentro de los requisitos ya conocidos y transitados, y no les resulta fácil salir de esos carriles, aunque no hayan tenido éxito en ninguna experiencia del pasado. Craso error, porque nadie es igual a otro, porque los ambientes sociales que nos rodean son diferentes, y porque si no se llegó a buen puerto, es porque no es precisamente lo que necesitamos. Con o sin rótulo de noviazgo, relación, amistad o lo que fuera, si tenes frente a vos la posibilidad de encontrar algo distinto a los parámetros repetidos en los que anduviste, con una comunicación distinta, con nuevas reglas y nuevos aprendizajes, ¿por qué no intentarlo?
Solemos buscar parejas con cualidades de nosotros mismos que nos hemos negado o no hemos podido desarrollar. Asimismo, es bien probable que el patrón de pareja que tuviste en el pasado haya cumplido su ciclo, y que por fin haya llegado la hora de aventurarse a una relación más prometedora, con características diferentes a los intentos anteriores, que en definitiva resultaron fallidos ya que no obtuviste el beneficio final que buscabas. Aceptar y valorar en otro un rasgo ajeno que a nivel consciente nos resulta poco familiar nos permite expandir nuestra mente y nuestra persona, y de este modo acceder a terrenos que aún no hemos explorado. Quizá este cambio en la manera de iniciar una conexión emocional y romántica con otro ser implique una modificación en la preconcepción e idealización, un crecimiento personal, y tal vez conocer e incorporar elementos esenciales para la concreción de un vínculo sólido.
Si todos somos distintos, ¿por qué una relación tiene que ser igual a otra?, ¿Por qué si una vez sufrimos debemos volver a sufrir?. Nada está escrito. Las posibilidades las crea uno mismo, las valoriza, las potencia o las echa a perder por sus propias virtudes y defectos. Pero, basta de caretas, basta de intentar ser quien no se es. Porque uno puede mostrar su felicidad facial con una sonrisa enorme, decir abiertamente que esta bien solo, porque ya tiene su vida armada e independiente y que disfruta mas de aventuras que de compromisos, y sin embargo, sabe que cuando llegue la persona indicada, esa estructura armada y las palabras tantas veces repetidas, se desmoronan, porque en el fondo, todos buscan la alegría del alma, que termine con LA ALEGRE SOLEDAD DEL ALMA TRISTE.
MRL
Próximamente viene uno sobre las personas infieles y otro más (el enésimo) sobre las personas histéricas… ambas particularidades me tienen podrido…