Cuando Ana y su familia perdieron a su padre, se mudaron cerca del Parque Saavedra. Allí transcurrió su infancia, entre juegos, risas y tardes interminables al aire libre. Muy cerca, del otro lado de la plaza, vivía Juan Carlos. Sin embargo, a pesar de la cercanía, sus caminos recién se cruzarían años más tarde, cuando ambos ingresaron a la facultad.
Ana era metódica,
rigurosa y detallista. Aunque alegre y simpática, le costaba relajarse. Juan
Carlos, en cambio, era todo lo opuesto: desordenado, pícaro, despreocupado y
encantadoramente “vago”.
La Facultad de
Medicina unió a dos mundos que, en apariencia, no tenían nada en común. Pero el
amor, siempre impredecible, supo encontrar el punto exacto de equilibrio entre
ellos.
Él la admiraba
profundamente: su inteligencia, su temple y su capacidad para destacarse en un
ámbito que todavía estaba dominado por los hombres. Ella, por su parte, amaba
su alegría, su frescura y esa manera tan suya de ver la vida sin estructuras ni
miedos, pero también sin excesos salvo el cigarrillo, pasión que compartían.
De esa
combinación tan bella nació una historia que los acompañó toda la vida. Se
casaron, tuvieron dos hijos y formaron una familia donde convivían con armonía
la rigurosidad de ella y el desparpajo de él.
Durante casi
cincuenta años se juraron amor eterno. Él se desvivía por hacerla feliz y cumplirle
sus deseos; ella sabía comprender y aceptar sus impulsos. Juntos sacaban lo
mejor del otro. Se potenciaban. Se hacían brillar, como lo hacen los amores más
profundos y sinceros.
Con el tiempo,
Ana enfrentó una enfermedad dura y prolongada. Juan Carlos estuvo a su lado en
cada momento, cuidándola con una ternura infinita, incluso cuando el cansancio
lo vencía. Finalmente, ella partió en paz.
Desde entonces,
Juan Carlos intentó llenar su ausencia con el amor de sus cuatro nietos, que le
devolvían algo de aquella alegría de niño que siempre llevó dentro. Pero los
días eran largos, y la tristeza lo acompañaba. La extrañaba con el alma: su
amor, su norte, esa luz que juntos habían creado, se fue apagando poco a poco
en este plano.
Hoy, queremos
creer que están nuevamente juntos, porque una historia de amor así no termina.
PD: Gracias tíos
por tantos años juntos. Por ser tan generosos conmigo y mi familia. Por estar
siempre. Nunca los voy a olvidar. Cuiden de Maga.
