Se que hay algo entre nosotros, lo veo en tus tímidos y brillantes ojos. Hay una suerte de conexión, un poder sensorial que cuando tus ojos verdes se posan en mi, yo lo siento, lo percibo y como un acto reflejo te miro y tus ojos sorprendidos tratan de posarse distraídos en el horizonte. Lo veo, lo siento, y lo deseo. Pero en el fondo yo soy igual a vos, también inseguridades y por sobre todo timidez.
Quien muchas batallas ha librado, a veces llega desganado, cansado, y se deja caer en la tentación de creer que solo también se puede estar bien. Esa sensación dura hasta que me encuentro con esos ojos, esa mirada tierna, pero temerosa, y me viene esta inspiración de la que no me avergüenzo, y la que me hace soñar por las noches, aunque vos aún no sepas lo que me haces sentir.
Es una cuestión de fe. Se que vamos a superar la timidez y las inseguridades. Esta en vos, pero sobre todo está en mí, y cuando eso pase, nos sentiremos orgullosos de haberlo superado y felices, nos demostraremos lo que las miradas ocultan. No necesito creer en otra fe. Mi fe es que me conozcas, y si bien me cuesta expresarme libremente lo que mi cabeza felizmente delira noche tras noche, se que llegará el momento en que nuestras largas pestañas por fin se choquen en un tórrido encuentro.
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