sábado, 19 de diciembre de 2009

en el 2010, NUEVO CUENTO !!!

ADELANTO:

Lentamente José se acercó y le dio un beso suave pero largo sobre su mejilla, tratando que sus labios sintieran cada milímetro de la blanca piel de su rostro. Ella se entumeció. Hubiera preferido un beso en los labios. Se le pasaron cientos de imágenes y recuerdos con él, deseando que los momentos tan lindos que habían vivido pudiesen volver. El bar de la esquina era bastante viejo. Las mesas y las sillas eran de pino, pintadas de marrón. Estaban gastadas y melladas por el uso de años, y las sillas daban un poco de miedo al sentarse porque tambaleaban de un lado. Las paredes estaban llenas de cuadros con recortes de diarios amarillos, algunos eran de fútbol, pero otros sobre momentos importantes en la historia del país. La luz tenue ayudaba a ocultar la suciedad del lugar, las paredes despintadas, y la humedad del techo. Apenas eran las diez de la mañana, pero José se iba a quedar ahí esperando que ella apareciera. Pensaba una y otra vez las palabras que le iba a decir. Ella lo iba a entender. Tenía que entenderlo. Pidió un jugo de naranja que le aguantó hasta que ella llegó.


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Al salir del restaurante, él se adelantó para abrirle la puerta, y sostenérsela cuando ella pasara, y mientras tanto pensaba, “¿será en su casa o en la mía?”. Delfina lo miró al pasar con el corazón palpitante. En cualquier otra situación no hubiera accedido en una primera noche. Se subió a su auto, y lo observó como manejaba con maestría através del tráfico. Veía un hombre sensible, pero masculino, viril, y caballero. Diego la miró, y con una sonrisa tan suave como una brisa le susurró: “Si te sirve de algo, yo estoy tan nervioso como vos”. En ese mismo instante, ella se derritió ante sus gestos, su ternura, sus palabras, sentía que por fin alguien la entendía y vivía el amor como ella. “Gracias” le dijo Delfina con la garganta seca de nerviosismo. Ninguno había hablado de lo que podría suceder. Pero ambos lo deseaban y lo entendían como una cuestión natural. Ella lo miraba como tratando de saber si no estaba siendo engañada, pero el único signo que encontró en su bello rostro, fue ternura y compasión.




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