Es difícil explicar esto sin hacerlo en primera persona, o bien, citando la vida personal de algunas amistades con las que estuve hablando estos días, e intercambiando experiencias. Haré lo posible por no caer en tal tentación, pero verán cuando lean esto, que ejemplos sobran y posiblemente todos cayeron alguna vez en esta trampa de la “Hipocresía Inconciente de conformarnos con lo que no queremos” con tal de no sufrir o no comprometernos.
Si les pido que cierren los ojos y respondan en 15 segundos que atributos buscan en su pareja o que desean de ella, las respuestas espontáneas serán relativamente parecidas dentro de cada género. Cuando uno le pregunta a una mujer que es lo que quiere de un hombre, ellas responderá mayoritariamente: “Quiero un amor que me haga feliz, que me haga reír, que transforme mis días malos en buenos, que me dé esperanza, seguridad, confianza… que pueda compartir y no competir, que me entienda, que se sumerja en los placeres, que me acompañe por mi camino, aunque no sea el que hubiera elegido”… El hombre en cambio, en primera instancia tenderá más a una descripción física que de cualidades, y más allá que duela admitirlo, hay que darnos un poco mas de tiempo para pensar que es lo que queremos en una mujer.
En un primer momento, las elecciones difieren y nunca coincide lo que él busca con lo que ella quiere, aunque en las palabras íntimas se elija una similitud. Pero esta claro que interiormente ambos géneros aspiran a mucho más que la belleza o la diversión en la pareja. Obvio que dicho así suena muy fuerte y extremista. Lo sé. Pero la idea es puntualizar en como uno aspira a un conjunto de virtudes de la otra persona, y termina priorizando siempre una puntal y se agarra de ella para sentirse feliz, cuando en realidad no nos completa.
Supongamos un punto en la vida en el que uno puede elegir, entre un amor hogareño (llamémoslo así, pero representa la persona bastante rutinaria y familiar que busca una pareja “estable”), y un amor mas social (llamémosla así a la persona que sale mucho, se la vive de joda con amigos y medio picaflor) (visto así no califico en ninguna de las dos, así que no personalicen!!!). ¿Cuál elegimos? En la mayoría de los casos que me tocó observar, el hombre elije a la que es medio picaflor porque el hombre de arranque nunca busca el compromiso, esas son cosas que se pueden dar a largo plazo, pero a corto, busca lo efímero y accesible. Y las mujeres, que en teoría buscan posiblemente las cualidades que tiene el hogareño, prefieren al de perfil social, porque éste, priorizará a sus amigos o la joda, y las pondrá en segundo lugar. Y eso a las mujeres les genera una atractiva desesperación por conseguirlo, y “domarlo”, para transformarse en prioridad. A corto plazo, todos felices. A mediano y largo, el que tomó la opción equivocada (la mayoría) se preguntará que hubiera pasado si… todo por culpa de la “Hipocresía Inconciente de conformarnos con lo que no queremos” con tal de no sufrir o no comprometernos.
Otro ejemplo, el amor prohibido… siempre nos tienta mas !!!, siempre lo prohibido es tentador, nos llena de adrenalina, nos excita saber que tal vez haya que escondernos en un placard, en la escalera de emergencia, o en el balcón con vistas a una plaza, o incluso tener relaciones en lugares públicos, y a cambio, seguramente estamos despreciando o relegando a otra persona que esta interesado en nosotros y tiene todas las cualidades que con los ojos cerrados o en nuestros sueños deseamos tener. Y lo que buscamos no solo esta mal porque es prohibido, sino que sabemos que no es lo mejor, porque es efímero, y por mas que nos digan que van a “pelearse” por nosotros, sabemos que eso no va a ser así, y además sabemos que la belleza de ese amor prohibido es mas bien la adrenalina, que sin ella la relación perdería su encanto y con las semanas aparecería la desilusión… una nueva desilusión propinada por la “Hipocresía Inconciente de conformarnos con lo que no queremos” con tal de no sufrir o comprometernos.
¿Cuantas mujeres idealizan y aspiran al príncipe azul?. Al menos la mitad de mis amigas lo hace, y aun lo esperan, sin embargo cuando lo tienen enfrente prefieren ir con un plebeyo canchero, que las sobre, que las ningunee, o un bohemio colgado, y que le atenderá los llamados dos veces a la semana con suerte si es que logra bajar a tierra, y sin embargo, lo que mentalmente tenían como ideal lo dejan varado por ahí, y se conforman con la imprevisibilidad de lo efímero, sabiendo que se van a golpear, pero esa espiritualidad de no saber que les depara el futuro les atrae, y por mas que él pase meses sin hablarles, cuando aparece van corriendo a su encuentro. Y después no se bancan el dolor al perderlo, y preguntan o plantean si existe el príncipe azul. Los hombres en cambio, al buscar prioritariamente la mujer atractiva físicamente, nos pasa que un día las invitamos a tomar algo, y nos damos cuenta que no tenemos tema de que hablar, que son vacías... y en ambos casos sucede por buscar la excitación por sobre el amor, y por esa “Hipocresía Inconciente de conformarnos con lo que no queremos”.
Tanto el príncipe azul como la princesa rosa existen, al menos en las cualidades que deseamos del otro. Obviamente que alterados por la realidad y contexto actual, pero al momento de elegir, y me incluyo, preferimos lo efímero y descomprometido, lo incierto a la certeza, la adrenalina a la seguridad. Es parte de la hipocresía inconciente, de saber lo que queremos y optar por lo que no debemos.
Irónicamente escribía en Facebook, sobre si un clavo saca a otro clavo. Si necesitamos sacarnos un clavo, es porque quisimos tener ese clavo en nuestra pared. Uno más seguramente. Pero en el fondo a todos nos gusta jugar con los sentimientos, fundamentalmente, amar y sufrir. Nos gusta sentirlos y novelarlos al menos mentalmente, e imaginarnos escenarios diferentes. Y después, cuando nos abstraemos o pasa el tiempo, entendemos lo innecesario que fue todo, y en el bodrio que nos habíamos metido por seguir escapando a lo que queremos, buscando la satisfacción efímera y descomprometida. Y así, las oportunidades pasan y tambaleamos en la irresolución, y se abre una brecha infinita entro lo buscado y lo logrado, y uno se plantea que debe conseguir otro modelo de persona que nos revitalice y llene de salud mental, porque después de la desilusión que sufrimos por esas relaciones que elegimos por la adrenalina o por pasión o porque nos tienen de segundos y queremos ser primeros, nos inunda una injustificada tristeza, una especie de sensación de fracaso y falta de energía, la sensación de que el barco se hunde y nadie puede salvarlo y uno se va hundiendo con el barco, pero en determinado momento ya no queda ni el deseo de seguir agonizando, sólo queda el camino del olvido que se vuelve intransitable cerca de una persona que ya no es más amada como antes porque caemos en conciencia que nunca lo fue, sino que nos atraían otras cosas circunstanciales, y caemos que no hay tristezas que recriminar, y no queda nada por salvar más que a uno mismo… antes que sea demasiado tarde.
Obviamente que nos cuesta salir inmediatamente y abrirnos a pensar en otra persona, mientras en la cabeza sigue algo atado a lo que nos hace mal, y todos nos van a decir que hay que deshacerse de todo aquello que no permite que apreciemos algo nuevo, algo positivo, que genere vida, que arrime al placer y no al dolor, que permita crecer y recuperar el tiempo pasado que siempre es tiempo perdido, pero recuperarlo fortaleciendo el futuro. Pero no es tan fácil lograrlo, porque por lo general lo efímero tiene una condición pasional y que creemos profundas instantemente, cuando en realidad es todo parte de una idealización que nos hacemos para escaparnos de lo que realmente queremos para sentirnos fuertes.
Por otro lado, hay personas que temen dejar lo que les hace mal, porque el futuro los desconcierta y piensan que el presente tal cual está, es mejor. Se quedan con vínculos que no prometen más que situaciones de estrés permanente. Sin embargo, el día que se pueden expresar dándole fin al martirio, aparece la liberación: sienten que se salen de un cuerpo en el que alguien quedó acorralado. Sienten cómo pasa el aire por los pulmones y se sienten nuevamente erguidos. Llega un día en el que entendemos que queremos ser felices, y que ya le dimos demasiado a quienes no se lo merecían y entramos en conciencia que hubo a quienes le dimos poco y merecieron más respeto de nuestra parte. Aunque ahí posiblemente no podamos aprender más que la lección, y esperar no desaprovechar la siguiente. O bien, volvemos corriendo a aquella persona que en su momento nos ayudo a atravesar tempestades, nos aliviano la carga, y nos hacía ser felices, aunque no lo valorábamos como correspondía. Sólo una toma de conciencia a tiempo es suficiente para alcanzar la mejor meta, la prosperidad y felicidad.
Obviamente cuando uno elije por la hipocresía inconciente una relación efímera, es común la negación de tal cosa, como mecanismo defensivo, protegiéndonos de lo que no podemos escapar sin lesionar nuestra autoestima al evidenciar el fracaso futuro. Negamos que nos enganchamos con la persona equivocada, o negamos que nos haya interesado. Pero ahí lo que mas queda en evidencia, es nuestra propia inseguridad o un complejo de inferioridad, o como leía ayer en una nota de La Nación, uno se vuelve inconformista y tratamos de manejar nuestras propias falencias, destruyendo al otro, para la cuál posiblemente no se tienen herramientas que nos impulsen al triunfo mas allá de los sueños. Y para no dañar su autoestima, uno se termina convirtiendo en obsesivo con la persona equivocada, que no nos prioriza y solo por no querer ser segundos seguimos insistiendo y una vez que somos primeros, nos damos cuenta de que fue una lucha en vano, y con el tiempo nos terminamos dando cuenta que algunos amores nos enferman y nos llevan a la necesidad de estar solos para sobrevivir.
Insisto, a veces por sufrir por la persona equivocada, nos cerramos y creemos que estamos perdidos o no vamos a encontrar el camino indicado, y cuando comenzamos algo creemos que no van a resultar, o no nos damos tiempo suficiente para conocer a la otra persona, porque ya con un tic idealizamos que todo va a ser malo o no tan bueno, y todo por acarrear una mochila a cuestas que no nos permite encontrar el punto de equilibrio, y no nos deja tomar la decisión de alejarnos de lo que nos afecta.
Obviamente que todos sufrimos por no encontrar un buen amor, y las pocas posibilidades se frustran rápidamente porque las condiciones sociales para los vínculos cambiaron y a pesar de que muchos coinciden que quieren estar en pareja, cuando llega el momento de ponerlo en práctica más de uno siente que no coincide con los nuevos cánones sociales, entonces aparecen las conductas histéricas, la falta de compromiso, las relaciones fáciles, casuales, expeditivas, y la insaciabilidad, la falta de conformismo, nada suma, nada vale la pena, ni siquiera en un intento casi de ruleta tirarse a la pileta para ver sí se puede.
Vivimos tiempos difíciles respecto al compromiso y a la necesidad de encuentro, en general prima el desencuentro y la inestabilidad, las personas eligen la soledad como solución a sus vidas, pero cuando están inmersas en la soledad buscan la contención de un buen amor. Así somos de incomprensibles. Nadie sabe donde ir, y el que se queda en la casa, se queja y el que sale se siente perdido con los cambios sociales y la variedad en la modalidad de la conducta y en la forma de interrelación que existe. Todos queremos un buen amor, que nos haga sentir felices, que complete los vacíos, que nos alimente los sueños, que nos permita crecer, pero ¿qué pasa cuando lo encontramos y no lo queremos ver?, buscamos excusas perfectas para seguir instalados en el mismo lugar, el lugar de la queja o en la búsqueda de lo efímero, porque cuando nos sentimos víctimas siempre conseguimos mejores respuestas sociales que mostrando nuestras fortalezas, y esto da que pensar, da para empezar a darnos cuenta que no podemos encontrar un buen amor, porque no empezamos por encontrar en uno mismo aquellas causas que nos alejan del buen amor, seguramente culpa de la hipocresía inconciente de conformarnos con lo que no queremos.
Todo corazón, sentimentalmente hablando, ha estado de terapia intensiva alguna vez, y uno cree que ya no puede latir como lo hizo en algún tiempo, aunque nos esforcemos y tardemos en volver a sentir, esto nos atemoriza y nos inserta en un sin fin de obstáculos que anticipadamente ponemos frente a cualquier nueva oportunidad, temiendo primero y luego avanzando con cuidado, apegados a los traumas pasados y llevándolos a cuestas. Y volvemos a caer en el error de buscar lo que sabemos será circunstancial, y así evitar sufrir gracias a la “Hipocresía Inconciente de conformarnos con lo que no queremos”
Para terminar, y sin escaparme de mi etapa de Filosofía Barata y Zapatos de Goma, en el siglo XVIII, apareció la doctrina utilitarista, que la formaban Jeremy Bentham (Si, el nombre de Lock en lost cuando muere) y por los Padre e Hijo, James y John Stuart Mill, y ya en aquel entonces decían que las acciones humanas están motivadas por un deseo de obtener placer y evitar el sufrimiento. Y eso creo que es lo que inconcientemente hacemos, buscar placeres efímeros para evitar el sufrimiento… y sinceramente creo que esta mal… aunque muchas veces caiga en esta trampa de conformarme con lo que no quiero para evitar sufrir de nuevo….
Se que esto fue largo, pero espero hacerlos pensar a algunos, o de hacerles rever su postura a otros, y que en el fondo, aunque sea un poquito no ayudemos a sentir y vivir mejor…
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