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miércoles, 9 de julio de 2008
El día que erré un penal...
El día que erré un penal
Corría el 2001,y con los chicos de la Facultad teníamos una gran camarería. Diez de nosotros habíamos ido de vacaciones aBrasil juntos y después varios de nosotros iríamos compartiendo días de estudio, otras vacaciones, salidas y momentos de nuestras vidas. Fue así que poco a poco fuimos armando un equipo de fútbol. Al principio competimos en un torneo de la Facultad, en el que nos fue realmente muy mal. Particularmente venía de un parate muy prolongado por un problema en la rodilla, y por lo general jugaba con amigos en la rambla de la 32, en espacios reducidos, o bien en canchas de fútbol 5. Sin embargo, jugar en cancha de 11, era algo más complicado porque físicamente no estaba para tales desafíos.
Cuando nos percatamos que el equipo no daba para competencias, decidimos jugar partidos sueltos contra rivales que consiguiéramos o que necesitaba sparring. El primer partido de la serie, lo jugamos contra el Banco Nación. Abrí el marcador con un gol de cabeza por sobre el arquero desde afuera del área. El partido terminó 2 a0 a nuestro favor.
Fue ahí que empecé a tomar confianza, y recuperé mi racha goleadora. Al partido siguiente que jugamos contra un rejuntado de 9 de Julio, convertí tres goles. Los chicos se divertían mucho viéndome jugar. Era el único que jugaba sin botines. Nunca me gustaron. En el potrero de chico siempre había jugado con las topper tennis de lona negras reforzadas, y a los chicos verme jugar en zapatillas le sorprendía. Pero la verdad, nunca me sentí cómodo con los botines. Por lo general, en esa época los “timbos” venían muy angostos, y yo siempre me caractericé por tener los pies anchos. Y los botines me apretaban el dedo gordo del pie en demasía y terminaba con el dedo blanco, sin circulación sanguínea. Así que jugaba con las zapas, obvio que me dolían los pisotones de los botines más que a otros, y ni hablar pegarle a la pelota. Pero también tenía una sensibilidad en el pie que otros no tenían, y me ayudaba para marcar una diferencia de calidad por sobre el resto.
Luego de un par de victorias contundentes sobre Banco Nación, como un 7 a 0, con 2 goles míos, decidimos darle la última revancha, con asadito pos partido. El 17 de marzo del 2001,hizo uno de los días más fríos de marzo que la última década recuerde. Cuando llegamos a las 9.30 de la mañana al Prado Español, donde estaba la cancha, la escarcha todavía se veía en el verde césped. Cuando me bajé del auto, mis pies enseguida se mimetizaron con el clima, y con las Topper de lona sentí un frío terrible. Sinceramente no podía pegarle fuerte porque sentía que me rompía el pie, y eso que me había puesto dos pares de media, porque las vendas me hacían muy ancho el pie, y las topper no me entraban.
Ese día formamos, con Gaby M, de arranque al arco, y en el segundo tiempo arriba, un tal Emir (que no recuerdo quien lo había llevado), el gran Calder de líbero, Jafu, la Rula, que ese día estaba medio desmotivado ¿o era con resaca?, no recuerdo bien, Martin P, que ese día jugó de 5 con Lucho, que se comió la cancha,Pedro (el hermano de Rafa) por izquierda, Leopo, Juli B. y yo.
El primer tiempo terminamos apenas dos a cero. Pero sabíamos que el segundo tiempo íbamos a tener diferencia física y hacíamos la diferencia. En el primer tiempo, apenas tuve una chance de gol, que se la puntee por encima del arquero, pero entro Juli por atrás y “me robó” el gol. Después varias veces estaba solo, pero Juli no me la pasaba. Ese día era la primera vez que jugaba al fútbol 11 con nosotros, y quería demostrar que podía ser titular, y pecó de egoísta.
El segundo tiempo, en un arranque arrollador metimos 4 goles en quince minutos. Leopoldo y Jafu intercambiaron las veces de arquero. Promediando ese tiempo, un jugador de ellos se lesionó, y quedaron con 10. Fueron a llamar al hombre que cuidaba la cancha. Un tal Tito. Un hombre de mediana edad, barbudo yruliento. La apariencia no hacia tener expectativas con él. Sin embargo tenía un pasado oculto en las inferiores de un equipo de la liga amateur como arquero. Volaba de punta a punta con una elasticidad sorprendente para la edad que aparentaban. En ese lapso nos hicieron 3 goles, y nosotros hicimos apenas 2más. En una jugada que parecía aislada, recibí la pelota de espaldas al arco, en el centro del área, y en una baldosa me saqué a tres jugadores de encima. Hice un tiki tiki del pie izquierdo, al derecho y al izquierdo con velocidad en corta distancia y con total dominio del balón, cuando mis rivales parecían haber quedado atrás y Tito se aprestaba a salir del arco para achicarme los espacios, yo estaba a punto de shotear para agarrarlo a contra pierna. Sin embargo, el pibe que jugaba de dos, que era tan alto como rústico, aunque uno de los pilares de ese equipo por su edad, y por s férrea marca, me entró una patada desde atrás que me tiró casi metro y medio del lugar donde estaba. Me la dio feo. Se sintió gozado por la pisadita que le hice. Admito que fue un slalon fantástico. Sin embargo no fue adrede contra él, sino una demostración de habilidad característica de mi juego. Él solo se dio cuenta que se había equivocado, y se fue afuera de la cancha y se sentó lejos insultando a la mitad de sus compañeros porque jugaban a desgano.
Aun estaba dolorido, y la canilla comenzaba a hincharse. El partido estaba ya definido, íbamos 8 a 3, y no quedaba mucho tiempo de juego. Me pare lejos del área para reponerme, y le dije a Calder que lo patee, porque se estaba sacrificando por el equipo jugando de libero, y lo estaba haciendo de gran manera, y creí que era una forma de agradecerle lo que hacía por el equipo. Pero el resto de los chicos me pedía por favor que lo patee yo. No querían que ante semejante goleada, yo no haya hecho ningún gol. Así que me subí las medias, para ver si se me pasaba el dolor de la canilla, y fui a acomodar la pelota. Tito me hablaba, diciendo que acomode más lejos la pelota. El Tweety escupió la pelota, y otro par de desubicados, escupieron el camino que yo debía recorrer antes de pegarle al balón. La acomodé con el pico de la cámara contra el suelo. Leopo me dijo, “matalo”. Otros no querían ni mirar. Tome mucha carrera. Estaba cerca de la medialuna del área. La idea era pegarle fuerte. Golpee la punta de las Topper contra el piso, cosa de que no haya aire en la parte superior del calzado. Cuando empecéa trotar hacia la pelota, Tito se quedó estático. El muy guacho, no se movía para ningún lado. Si le pegaba fuerte al medio había muchas chances que me la ataje. En el medio de la carrera, cometí un grave error, que es cambiar la decisión del disparo. Todos los que tenemos mas de 200 partidos sabemos que eso no se hace. Hay que pensar un lugar antes de patear, y disparar con toda la concentración y seguridad que va a entrar en ese lugar. Pero yo dude. Tito me hizo dudar. Los de Banco me puteaban, pero eso a mi no me achicaba. Tito seguía sin moverse. Frene la carrera para ver si hacía algo, y seguía quieto. Ahí decidí definitivamente cambiar el lugar del envío, la patearía suave junto a un palo, total, difícil que llegue a un penal pateado contra el palo. Retomé la carrera, y Tito seguía inmóvil. Iba a pegarle a mi derecha, pero ante la pasividad del arquero, esperé a último momento para ver si cambia de palo. Ese fue otro error. Le saque la vista a la pelota. Cuando estaba a un paso de pegarle al balón, Tito seguía quieto en la mitad del arco, lo miré para ver si daba un paso hacia un costado, y como no se movió le pegué. Como comenté antes, le quite antes de tiempo la vista a la pelota. Y le pegue mal. Muy mal se podría decir, y mas por las expectativas generadas. Le pegué igual que Maradona a la exYugoslavia en el mundial de Italia ‘90, pero al otro palo. El muy dichoso de Tito se tiró contra ese costado y me tapo la pelota. El rebote lo agarró laRula, que la tiro lejísimos. La frustración fue enorme y las cargadas venían de hasta mis propios compañeros. Pero también reconozco, que hubo mucho de virtud en Tito, que con la experiencia se quedó en el arco inmóvil y eso logró hacerme dudar y titubear a la hora de patear. Se tiró bien, y con fe, aprovechando mis dudas. Pedí invasión, que la hubo, pero qué me iban a dar a patear de nuevo el penal, si fui un desastre!. Por suerte no era un penal definitorio, pero esa mañana me va a quedar grabada de por vida, como el día que erré un penal…
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