Muchas veces releo lo que escribo, y no entiendo muy bien qué quise decir. Y cuando hago memoria, recuerdo momentos en los que solo cierro los ojos y empiezo a escribir una sensación, un momento, un deseo… dejo fluir las palabras que quieren salir de mi, como si fuera una descarga emocional, y como decía antes, al releerlo me dan ganas de modificarlas o cambiarles el sentido, pero hay algo que a mi siempre me impactó, y es que los grandes escritores, siempre escribieron a maquina o a mano, porque sabían que parte de su grandeza, se debió a la intuición, al dejarse llevar, y estas una vez escritas a maquina o a mano, era difícil de borrarlas, porque implicaba volver a escribir toda una hoja entera… es como sí cada palabra fuera escogida con mayor detenimiento o bien, como si cada palabra que brotó del alma fue puesta en el lugar justo para describir una imagen, situación, o comentar un diálogo. Es por eso, que dichos momentos de “éxtasis” en los que cierro los ojos y dejo llevar mis dedos por el teclado, trato de no tocarlas posteriormente, porque esas son mi verdadera creación. Lo de más se piensa y se vuelve a pensar, se escribe, se borra, y se vuelve a escribir, porque solo acompañan una expresión, una idea… un sueño…
"En el proceso de creación de mis textos, no existe una planificación consciente o voluntaria, sino que escribo tratando de prestar atención a lo que surge; la voluntad la aplico en la etapa de corrección."
"En el proceso de creación de mis textos, no existe una planificación consciente o voluntaria, sino que escribo tratando de prestar atención a lo que surge; la voluntad la aplico en la etapa de corrección."
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