martes, 12 de agosto de 2008

Y PENSAR QUE USABAMOS TELEFONO A DISCO

Hace 20 años en casa y sobre una larga repisa de un estar, había un teléfono celeste con un disco para marcar el número al que quería llamar. En aquella época, el primer gran problema, era que Entel (quien proveía el servicio en aquellos tiempos), tardaba casi dos años en darte una línea, porque era estatal, y estaba plagada de ñoquis, burocracia, y corrupción. Pero no solo eso, sino que por falta de inversión (estábamos en plena crisis inflacionaria) no podían ampliar el cableado de teléfonos, porque era algo costoso, y el estado no estaba en condiciones de hacerle frente. Entonces era muy frecuente que las líneas se “ligaran”. La solución para evitar eso, era marcar despacio con el disco, y retener un segundo el número introducido al tope del disco. De esta manera uno podía “tener” suerte y comunicarse con quien quería. Para llamadas al exterior, había que hacerlas por operadora, y muchas veces había que dejarle el número al que querías llamar, y la misma operadora te llamaba media hora después pasándote la comunicación. Además, las cabinas públicas de teléfono se usaban con “cospeles”, que eran más chicas pero con las mismas ranuras que tenían las fichas de los juegos electrónicos (sobre todo las de Texas, en la vieja esquina de de 8 y 51). Esos teléfonos públicos tenían la forma de caparazón de tortuga, eran de un color naranja horrible, pero por sobre todas las cosas, era muy difícil encontrar uno sano. A tal punto que si había que llamar a nuestros padres para que nos pasen a buscar por algún lugar, entre conseguir un kiosco que venda cospeles, y encontrar un teléfono público que no estuviera roto, era casi lo mismo que volver a casa caminando solo.

A principios de los ’90, el Carlo en plena crisis privatiza Entel, lo que se transformó en Telecom (aproximadamente de Capital para el norte) y Telefónica (aproximadamente de Capital para el sur). Muchos trabajadores de la empresa quedaron en la calle por estas privatizaciones. Claro, el Estado usaba las empresas de servicios para “colocar” gente “ñoqui”, que obviamente en exceso, terminaban comiéndose la rentabilidad de la empresa. Pero esa gente tuvo poco apoyo popular en sus reclamos, porque en cuestiones de meses, uno pedía línea y en una semana ya tenían teléfono nuevo, las líneas ya no se ligaban tan seguido, los teléfonos públicos andaban y no eran de un color tan estrafalario como el naranja de Entel, e incluso la misma Telefónica daba en “comodato” un teléfono con botones. Con botones!. Una preciosura. Cada vez que iba a la casa de un amigo que tenía teléfono con botones volvía a casa a los gritos, pidiendo uno igual para casa!. Hasta llegue a pedirle a mis viejos que cambiemos el número de línea, así nos daban un teléfono con botones!. Era un cambio tecnológico casi tan grande como el cambio del TV de blanco y negro al color.

Años después, cuando ya todos se acostumbraron a que el pedido de línea telefónica se hiciera en el mismo día, que la gente tenía “línea joven”, donde los padres le ponían una línea de teléfono controlada a los hijos para que gasten un monto limitado, y ya las clase media no solo tenía una línea de teléfono, sino que tenía dos, una vez que la guía telefónica duplicaba de ancho la de fines de los ochenta, los teléfonos públicos se usaban con monedas de uso corriente, y los locutorios inundaban las diferentes ciudades del país, la privatización del Carlo había sido “pésima”, había regalado un “activo” del país, que dicho sea de paso, hasta el día de la privatización era un desastre con todas las letras y más también. No es defender al Carlo, pero también hay que tener memoria de cómo se ve la historia en el momento que ocurre, y cuando se ve en una imagen fría y distante, muchos años después.

Ya en el 2000, aparecen en forma masiva, lo que hasta entonces eran “ladrillos” de Movicom que usaban los funcionarios. Esto ocurrió porque los servicios y aparatos empezaron a ser más baratos, y volvió a cambiar increíblemente la comunicación. Ya nadie busca cabinas telefónicas, porque todos portan un teléfono móvil. Los locutorios viven de Internet y no de llamados a corta o larga distancia.

Esos primeros celulares populares eran cuadrados y con antena. Se escuchaba bien, aunque era muy cara la comunicación (con respecto a lo que saldría después, pero barata a lo que salía antes). Cuando bajaron mas las tarifas, también aparecieron los subsidios para comprar nuevos modelos con diseños más modernos. Y no solamente eso, sino que a su vez, fueron perfeccionando los servicios del celular, a tal punto que le agregaron una pequeña tabletita de 2x1 cm, llamado chip, el cual yo veía en la serie americana “24”, en la cual sacaban información tan importante de ese chip, como para rastrear a terroristas, lo cual yo pensaba que era una altanería tecnológica americana. Pero no. Un tiempo después esos teléfonos con chip fueron llegando a la argentina, y su importancia comenzó a ser mayúscula.

En el país hay más celulares que líneas de teléfono fijas, y no solo eso, sino que hay casi tantas líneas de celulares como habitantes fronteras para adentro. Ese chip, esa plaquita tan insignificante a la vista humana, hoy por hoy es un sustento casi indispensable en nuestras vidas. En él, se guardan nuestras agendas telefónicas (aquellas que antes hacíamos en papel y había que actualizar año tras año porque estaba tan tachada y escribichada que ya no sabíamos a cual teléfono teníamos que llamar), también, guardamos música en forma de ringtones o mp3, guardamos fotos, a tal punto que el 9 de julio del 2007, mientras nevaba, la gente se congelaba la mano con tal de estar con el celular gatillando y fotografiando aquél evento único e irrepetible, además, sirven actualmente para filmar videos (preguntarle sino a Wanda), y mas actualmente, vienen con radio FM, lo cual hace que uno siempre pueda estar informado o escuchando música. Y por último, ahora vienen celulares que son pequeñas computadoras, que tienen hasta 16 giga de memorias, y vienen con Internet, teclado, cámara, y demás chiches que tiene cualquier computadora de oficina.

En estos 20 años cambió sin dudas nuestra forma de comunicarnos. Tanto es así que ya nadie se acuerda de la privatización de Entel, ni de sus horribles cabinas naranjas, ni siquiera nos acordamos de memoria los teléfonos de los amigos, porque ahora tienen muchas líneas, y los números van siendo cada vez mas largos, y no solo eso, sino que ya nadie se acuerda del queridísimo teléfono a disco celeste grisáceo.

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