No hay nada que decir
no hay palabras convenientes
ni siquiera convincentes
para decir lo que siento allí
profundo en mi corazón
a salvo de los garrotazos
del intelecto y de la razón
dejándome sin palabras
para expresar libremente
aquello que no se ve con la mente.
A veces pierdo el control
creyendo que ya la tenía
pero con sentimientos que anhelan
ya no puedo ser dueño
De los ojos que me interpelan
ni de mis propios sueños.
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